El Nacimiento de La Iglesia: la Iglesia Primitiva

…Pero recibiréis poder cuando el espiritu santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”. (Hechos 1:8)

De esta forma exhortó a sus discípulos antes de Su partida a los cielos. El Espíritu Santo es quien otorga el poder entender la Palabra, otorga el don para enseñarla, y el poder para vivirla. De esta forma empieza la iglesia a tomar forma desde sus inicios; una iglesia que contaba con el favor de Dios y de Su Gracia. Esta es la iglesia que Dios quiere, una iglesia en la cual a diferencia de hoy dia, el señorío de Cristo era parte integral de su predicación. Desde el primer discurso de Pedro a los Judíos de Jerusalén, podemos darnos cuenta de lo desafiante que esta iglesia apostólica perfilaba a convertirse (Hechos 2:36-46).  

Michael Green, en su libro “Evangelismo a Través de la Iglesia Local” afirma lo siguiente: “Hoy vemos un evangelismo que no es definitivo; no le molesta a nadie, no desafía a nadie, no transforma a nadie. Es un evangelismo que no tiene nada que ver con un cambio radical, sino que es un proceso gradual de osmosis para entrar al sistema eclesiástico. Eso está muy alejado de Jesús, el extremista más radical que el mundo haya visto, que siempre estuvo desafiando a hombres y mujeres a dejar sus áreas de vidas egoístas para seguirlo.” En los últimos tiempos la iglesia ha debilitado el evangelio. Es por esto que en la actualidad vemos tan pocas conversiones reales, ausencia de frutos y cambios radicales en las vidas de los seguidores de Cristo. 

Luego de la predicación de Pedro en el segundo capitulo del libro de Hechos vemos que la multitud se compungió; se lleno de dolor, ansiedad y remordimiento. “¿Qué debemos de hacer?”, se cuestionaban. “Arrepentíos y Sed bautizados”, fue la respuesta. Para la iglesia primitiva era inconcebible arrepentirse y no bautizarse, pues el bautismo era lo que los identificaba públicamente con Jesús y el no hacerlo era visto en muchos casos como una falta de verdadero arrepentimiento.  
La predicación que tiene poder procura informarle a las personas sobre su necesidad de arrepentimiento; está centrado en la persona de Jesús y en Su obra en la cruz a favor nuestro y no en ofertas de que Cristo arreglará su vida. Tambien desafía al inconverso a renunciar a si mismo; a sus derechos y privilegios para seguir a Cristo.

El general Booth, fundador del Salvación Army (Armada de Salvación) decía que “el mayor peligro del siglo XX será una religión sin el Espíritu Santo, un cristianismo sin Cristo, el perdón sin arrepentimiento, la salvación sin regeneración, la política sin Dios, el cielo sin el infierno”. La iglesia que Dios quiere es una iglesia que cree en el poder de la predicación de la Palabra; en la confianza absoluta en que la Palabra predicada es lo único que puede destruir lo que radica dentro de los hombres pecadores. Juan Calvino decía que el corazón del hombre es una “factoría de ídolos”. Y alguien comentando acerca de esto decía que, “la predicación debía destruir la maquinaria y la única forma de hacer eso es predicando las verdades profundas de la palabra y aplicándolas a los rincones oscuros del corazón”. (J.D. Greear). 

La predicación de hoy, lejos de ser confrontadora y fiel a la Palabra de Dios tiende a exaltar al hombre sobre Dios; a ser tímida, no autoritativa y está salpicada de fuego extraño. Está mayormente basada en anécdotas, cuentos, sueños y visiones, y no en la doctrina que Cristo nos dejo a través de sus apóstoles.

El predicador de la iglesia de Dios necesita recordar que la predicación debe estar inspirada y dirigida por la Palabra de Dios y no por su propio entendimiento. En segundo lugar, debe predicar sobre la soberania de Dios en la salvación, porque “la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el senor nuestro Dios llame. (Hec 2:39)

Por otro lado, si bien es cierto que en la iglesia primitiva hubieron lideres que supieron predicar y modelar fielmente la Palabra de Dios, no es menos cierto que hubieron discípulos que estuvieron dispuestos a estudiar esa Palabra y obedecerla. En quinto lugar, esa iglesia se caracterizó porque supo hacer las cosas en unión y no de forma individualista. 

Otra cosa que caracterizaba la iglesia primitiva era su falta de materialismo; todos tenían sencillez de corazón; “vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (v.45-46) Esa sencillez de corazón que le caracterizó fue la que hizo posible que ellos disfrutaran de alegría y gozo y que hallaran favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos (V47).

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