¿Y entonces cómo evangelizaremos?

En los tiempos que estamos viviendo vale la pena hacerse las siguientes preguntas. ¿Cómo difiere la evangelización de la iglesia de hoy en día de la evangelización de la iglesia primitiva o de la iglesia de otras épocas? Porqué no logran producir en la sociedad el mismo impacto que lograron producir en el pasado?

 

En estos últimos 50 años la iglesia en China creció de un millón a 80 millones de nacionales convertidos al cristianismo. En América Latina se estima que la tasa de crecimiento del movimiento protestante triplica la tasa de natalidad. Las cruzadas de Billy Graham en Norteamérica, de Luis Palau en América Latina y los esfuerzos de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo sirven de ilustración de cuan grande fue el esfuerzo que se hizo para evangelizar el continente americano en las ultimas cinco décadas.

Hoy día estas campañas evangelísticas se han reemplazado por campañas de sanación, de liberación de demonios y por un esfuerzo masivo de estimular al creyente a hacer grandes donaciones de dinero con la promesa de que Dios le sanará sus dolencias y/o le multiplicará sus finanzas.

Es paradójico ver como en Latinoamérica, aun siendo tan alta la tasa de conversión, los índices de criminalidad en los mismos países parece ir en aumento. Guatemala, supuestamente el país más evangélico de América Latina tiene algunos de los índices más altos de homicidio y otros crímenes en el continente. Esto nos da una idea de la ineficacia de las campañas de sanación, de expulsión de demonios y de recaudación de fondos para transformar la sociedad. No debería sorprendernos.

Si nos vamos a las Escrituras vemos un caso en que Pedro y Juan llegaban al templo y sanan a un paralítico. Esta sanación no ocurre en medio de una campaña de sanación, sino durante un momento en que ellos iban a predicar la Palabra. Y es que el énfasis en la iglesia primitiva nunca estuvo en la sanación sino en la predicación del mensaje. En la media en que iban predicando estas necesidades se presentaban y cuando Dios decidía sanar soberanamente, así ocurría. Hoy, sin embargo, el énfasis esta en la presentación de milagros y no en la predicación autoritativa y confrontadora de la Palabra de Dios.

Tanto en el primer sermón de Pedro, donde nacieron 3,000 nuevos creyentes como en el segundo, Pedro no deja de ser directo y confrontador. Quizás sea esta la razón por la que el libro de Hechos dice que ya la iglesia había crecido a unos 5,000 mil hombres (4:4). Tremenda cosecha en pocos días… eran verdaderos días de avivamiento donde el Espíritu de Dios se movía poderosamente en respuesta a la predicación poderosa de sus siervos, produciendo vidas transformadas por haber respondido en arrepentimiento. ¿De quien aprendió Pedro a predicar de esa manera? De Juan el Bautista y del mismo Cristo: ambos predicaban sobre la necesidad del arrepentimiento.

Es una lástima que la palabra arrepentimiento ha desaparecido de la iglesia de hoy. Las llamadas “cuatro leyes espirituales” popularizadas la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo solo comunicaban:

Ley #1: Dios le ama
Ley #2: El pecador no puede experimentar el amor de Dios
Ley #3: En Cristo puedo experimentar el amor de Dios y;
Ley #4: Para experimentar el amor de Dios debo recibir a Cristo

En ningún sitio vemos un solo llamado al arrepentimiento. Es absolutamente necesario que la iglesia de hoy vuelva a retomar la doctrina del arrepentimiento y que al evangelizar insista en la necesidad de que el convertido refleje una transformación de su entendimiento y de su corazón; que manifieste una nueva forma de pensar y exhiba un nuevo rumbo al caminar.

Hoy en día muchas personas aseguran haberse arrepentido pero en realidad no se pueden constatar los frutos. Richard Owen Roberts, en su libro “Repentance” menciona siete mitos sobre el arrepentimiento.

Mito #1: El experimentar dolor o tristeza es igual a arrepentimiento. Muchas veces el dolor no implica arrepentimiento sino tristeza por las consecuencias. El apóstol Pablo habla de dos tipos de tristezas: la tristeza que viene de Dios que lleva al arrepentimiento y la tristeza que viene del mundo que lleva a la muerte (2 Cor 7:8-9).

Mito #2: Cualquier cambio en la conducta implica que ha habido arrepentimiento. Obviamente esto no es verdad. La sicología secular es capaz de producir cambios conductuales; el miedo a las consecuencias también; pero eso no es arrepentimiento.

Mito#3 Podemos estar arrepentido y aún insistir en defendernos. Nunca encontraremos el arrepentimiento y la auto-defensa o la justificación caminando de la mano. que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas”.

Mito #4: El arrepentimiento puede ser selectivo. Cuando nos arrepentimos parcialmente solo queremos experimentar un cambio de conducta y no un cambio de vida.

Mito #5: El arrepentimiento elimina las consecuencias. Infracciones de la ley con frecuencia conllevan consecuencias naturales. Esas consecuencias a veces ocurren a nivel emocional o a nivel de relaciones.

El verdadero arrepentimiento es algo que viene de Dios; y no lo podemos fabricar o producir. La mejor evidencia de que una persona ha experimentado una conversión no es que un día se arrepintió, sino que se continúa arrepintiendo día a día.

La iglesia de nuestros días tiene que arrepentirse de no predicar el mensaje del arrepentimiento que lleva al verdadero cambio. Somos culpables de hacer que mucha gente se considere salva cuando se le predica un mensaje que no los lleva al arrepentimiento y la salvación, sino a la condenación.

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